Desde épocas remotas, el ser humano ha buscado en la naturaleza, y de manera especial en el reino vegetal, sustancias que calmaran su dolor y mitigaran su tristeza, que aplacaran su fatiga y combatieran su insomnio. Empeñado en este afán descubrió los efectos de la hoja de la coca, de hongos alucinógenos, de la mandrágora, del cáñamo, de la adormidera y otras plantas.
El problema de acercamiento de la juventud, a las drogas, obedece a complejos factores sociales y culturales que, unidos a la pobreza, a la alta tasa de desempleo y al analfabetismo, ofrecen condiciones para el abuso del consumo y el tráfico ilícito de las mismas.
A partir de la década del 70, el problema de la fármaco dependencia, aumentó de modo alarmante, debido al incremento de los consumidores en los últimos años de educación secundaria y primeros de educación superior, empleando con frecuencia inhalantes, volátiles, pasta básica de cocaina, marihuana y otras variedades tanto o más peligrosas.
La fármaco dependencia, se caracteriza por las modificaciones que genera en el comportamiento de los adolescentes y por otras reacciones, que comprenden siempre un impulso irreprimible a consumir el fármaco, en forma continua o periódica. Se suele afirmar que cada vez que un joven cae en problema de drogas, la sociedad pierde un ciudadano responsable.
El adolescente, atraviesa un período de maduración y adaptación, sale de su infancia en donde acepta ser protegido y dependiente, para ingresar a un mundo nuevo en donde se proyecta, libera e independiza. Este periodo de de transición, es difícil de vivir, porque el adolescente no es capaz de asumir sólo sus responsabilidades, cuando se halla frente a tabúes o prohibiciones de la sociedad.
En el contexto de tales características, es fácil de imaginar la atracción que representa la droga. El peligro aumenta para los jóvenes frágiles y de carácter débil, y que se afilian a grupos con alteraciones psíquicas de gravedad.
Para combatir este terrible flagelo, se debería aumentar la comunicación entre padres e hijos, conseguir el encarecimiento de las drogas, dificultando su producción y circulación, adoptar medidas urgentes de control y censura, de los medios de comunicación, de la industria de la recreación y del espectáculo, desarrollar políticas específicas, destinadas a alentar la sustitución de espectáculos negativos, por espectáculos positivos y por último, reforzar el consenso religioso de las grandes mayorías.
A nivel de educación, se debería unificar criterios pedagógicos, tanto en la enseñanza escolar, como en la formación profesional.
Moraima Rojas Berrocal
Directora